Política y gobierno

Ciencia y saber comunitario se unen para mejorar la producción de maíz nativo en Peto

Un proyecto de la Secihti trabaja con 17 productores y cuatro variedades de maíz para mejorar el rendimiento de la milpa mediante prácticas sustentables

Un proyecto de la Secihti trabaja con 17 productores y cuatro variedades de maíz para mejorar el rendimiento de la milpa mediante prácticas sustentables

La ciencia y el conocimiento de los productores se combinan para mejorar la producción de maíz nativo en Peto, mediante un proyecto que busca elevar el rendimiento de la milpa y favorecer el autoconsumo de las familias.

La iniciativa se desarrolla en las comisarías de San Dionisio y Dzonotchel, donde actualmente participan 17 productores que trabajan con herramientas de investigación y prácticas tradicionales.

Buscan mejorar el rendimiento del maíz

El proyecto “Transferencia tecnológica para mejorar la producción de maíz nativo (Zea mays L.) ‘Naal Xoy’ en sistema milpa” cuenta con el respaldo de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti).

La iniciativa está a cargo de Efraín Castillo López, docente de la Universidad Tecnológica del Mayab.

Uno de sus principales objetivos es mejorar el rendimiento del maíz de temporal, que actualmente ronda los 800 kilogramos por hectárea.

De acuerdo con el proyecto, el consumo anual de una familia de cinco integrantes puede superar una tonelada cuando se consideran también las necesidades de animales y aves del solar.

Por ello, aumentar la productividad de la milpa puede contribuir a fortalecer el abasto de las familias.

Trabajan con cuatro variedades nativas

El proyecto contempla cuatro variedades de maíz nativo cuya siembra ha disminuido con el paso del tiempo:

  • Ts’íit bakal
  • Naal Xoy
  • Nal t’eel
  • Eh hu

Los productores participan en talleres y actividades prácticas relacionadas con la fertilización, elaboración de insumos y monitoreo de plagas.

También se instalaron trampas para dar seguimiento al gusano cogollero, una de las plagas que puede afectar los cultivos de maíz.

Combinan prácticas tradicionales y tecnología

La propuesta incorpora productos biorracionales para el control de plagas y bioinsumos enriquecidos con minerales para la fertilización.

El proyecto también aprovecha las características de la milpa como sistema de policultivo.

En ella conviven maíz, frijol o ibes, calabaza y raíces como yuca o camote. Estas especies pueden complementarse, ya que las leguminosas aportan nitrógeno al suelo y otras plantas proporcionan sombra y cobertura vegetal.

Productores cambian prácticas en la milpa

El productor de San Dionisio, Simón Carvajal Bolio, señaló que el acompañamiento del proyecto ya ha permitido modificar algunas prácticas.

Entre ellas se encuentran el uso de fertilizantes orgánicos, una mejor distribución de los cultivos y la conservación de la cobertura vegetal para mantener la humedad del suelo.

También destacó el abandono de la quema de la vegetación como parte del manejo de la parcela.

Según relató, anteriormente esta práctica era habitual, pero ahora los productores han observado los beneficios de conservar la cobertura vegetal.

Productores son parte central del proyecto

Efraín Castillo López explicó que los productores participan durante todas las etapas del proceso.

Además de asistir a los talleres, intervienen en la elaboración de insumos, fertilización, instalación de trampas y monitoreo del cultivo.

El investigador señaló que el aprendizaje ocurre en ambos sentidos: el conocimiento comunitario permite identificar problemas y necesidades, mientras que la investigación aporta herramientas para medir resultados y comparar alternativas.

Actualmente participan 17 productores, mientras que existe interés en incorporar a otros 25 integrantes del programa Sembrando Vida.

Buscan acercar a nuevas generaciones a la milpa

El proyecto también plantea que la combinación de ciencia y conocimiento comunitario puede ayudar a fortalecer el interés de las nuevas generaciones por las actividades de la milpa.

La intención es mostrar que este sistema de producción puede mantenerse como una alternativa para obtener alimentos destinados al consumo familiar.

La iniciativa forma parte de los 28 proyectos respaldados por la Secihti mediante el Programa para el Fortalecimiento al Conocimiento Científico, Tecnológico e Innovación “Investigadoras e Investigadores por Yucatán”.

Este programa brinda apoyo económico y acompañamiento especializado a universidades y tecnológicos para desarrollar soluciones relacionadas con las necesidades de las comunidades.

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